CÁNCER: EL ROTUNDO FRACASO DE LA QUIMIOTERAPIA
La
Quimioterapia consiste básicamente en el tratamiento del cáncer mediante
sustancias químicas. Y éstas son, básicamente, de dos tipos:
citostáticas -intentan impedir que las células cancerosas se
multipliquen- y citotóxicas -destruyen las células cancerígenas-. El
problema es que, al margen de su grado de efectividad, no son
"selectivas" y, por tanto, también afectan a las células sanas. De ahí
sus brutales efectos secundarios. Aunque lo más grave es que a pesar de
tales efectos yatrogénicos y sus prácticamente nulos resultados se trata
a la inmensa mayoría de los pacientes con ellas.
La
Quimioterapia es uno de los tratamientos más indefendibles de la
medicina moderna. Y sólo el hecho de que se presente por los médicos
como la única alternativa a una muerte segura permite entender que los
pacientes acepten someterse al deterioro físico y psíquico que provoca,
más cercano casi a la tortura que a la medicina.
Hablamos de un método que nació en 1942 cuando Alfred Gilman y Fred Phillips,
investigadores de la conocida Universidad de Yale, decidieron estudiar
las posibilidades terapéuticas del tristemente célebre gas mostaza o
Iperita, un producto venenoso que se utilizó como arma química por
primera vez durante la I Guerra Mundial. Estos investigadores sabían que
tras un ataque efectuado en 1917 con el gas mostaza por las tropas
alemanas un médico aliado había comprobado que muchos soldados que
resultaron afectados aun estando lejos del lugar donde había caído la
bomba de gas morían varios días después con cuadros infecciosos o debido
a hemorragias internas, constatándose que padecían una marcada
disminución de sus glóbulos blancos y plaquetas así como hipoplasia
(reducción del volumen de un órgano por disminución de su número de
células) medular y linfática. Resultado todo ello de su condición de
agente alquilante, es decir, capaz de alterar la estructura y función de
las moléculas de ADN de una célula de tal manera que impide que ésta
pueda multiplicarse. ¿Por qué no usar pues -se preguntaron- esa
propiedad para intentar impedir la multiplicación descontrolada de las
células cancerosas?
Dicho y hecho; poco después comenzarían los ensayos con roedores. Y a
continuación, tras los aparentes éxitos iniciales, en humanos. En 1946
se anunciaría que se había logrado reducir de tamaño los tumores de dos
pacientes, uno con un linfosarcoma y otro con un Linfoma de Hodgkin.
Otros investigadores -Alper, Dameshek y Peterson- obtenían poco después resultados similares. Sin embargo, en los años 50 las investigaciones realizadas por el National Cancer Institut
de Estados Unidos mostraban que los agentes alquilantes, asociados ya
con esteroides y otros fármacos, no servían para lograr una mayor
supervivencia de los enfermos. Una esperanza nunca lograda que desde
entonces se sigue intentando. A día de hoy, sin éxito.
La
Quimioterapia nació pues como un método que consiste básicamente en dar
un veneno con el que destruir las células cancerosas o intentar impedir
su multiplicación. Sólo que el veneno actúa igualmente sobre las células
sanas. Basta leer los efectos secundarios reconocidos en los prospectos
de cualquiera de los productos anticancerígenos que actualmente se
comercializan para constatar que si se utilizaran en un persona sana
-para qué hablar de una enferma- lo más probable es que ésta acabara
muriendo. No existe lógica alguna por tanto para la práctica de la
Quimioterapia. No hay en ello sentido común. Y sólo el miedo a la
presunta falta de alternativas explica que se haya impuesto como terapia
en el mundo. A pesar de lo cual el principal argumento utilizado por
quienes dicen hablar "desde la ciencia" y se niegan a aceptar tanto
otras formas de entender qué es el cáncer como la eficacia de
tratamientos alternativos a los habituales es siempre el mismo: "La Quimioterapia -afirman sin fundamento alguno- es, del mal, el menor".
Kevin Murphy, un oncólogo que trabaja en Vancouver, resume muy bien la postura convencional en Adjuvant Chemotherap, un manual concebido para que sus pacientes entiendan en qué consiste el tratamiento: "La Quimioterapia es un tratamiento difícil de entender. Tal y como un paciente me dijo:
'¿Me está usted sugiriendo que me someta a un tratamiento que me va a
enfermar temporalmente para tratar un cáncer que no puede usted
encontrar y encima ni siquiera sabe si hacerlo me servirá de algo?".
Es similar
a un seguro de vida. Cuando usted paga sus primas a la compañía de
seguros está reconociendo un riesgo potencial para su vida que puede o
no puede acaecer (un accidente, una enfermedad, un terremoto, un
robo...). Bueno, pues el tratamiento con quimioterapia se basa en la
presunción de que su aplicación puede hacer disminuir el tamaño de los
tumores y "reducir" el riesgo de que vuelvan a aparecer después. Las
estadísticas -controladas generalmente por quienes tienen interés en
demostrar que los fármacos que prueban funcionan- indican que así sucede
en un porcentaje significativo cuando se trata de cánceres de mama,
colon, testículos, leucemias, linfomas y la llamada enfermedad de
Hodgkin... pero las mismas son sólo una de las maneras posibles de
presentar las cifras. Eso sí, sirven para que la mayoría de los enfermos
crean que los posibles beneficios compensan los riesgos y acepten ser
sometidos a Quimioterapia.
LA MODA DE LOS CÓCTELES.
Ante
evidencia de que los fármacos anticancerígenos utilizados en
Quimioterapia no sólo no curan el cáncer sino que ni siquiera prolongan
la vida de los enfermos se ha instaurado la moda de aplicar "un
protocolo de quimioterapia combinada". Es decir, la utilización de
"cócteles" -como en el caso de los enfermos de SIDA- con varios
productos que se toman al mismo tiempo. Según la versión oficial, cuando
esos cócteles se toman tras una intervención quirúrgica para extirpar
el tumor y además se ha sometido al paciente a Radioterapia se logran
"índices de curación significativos". Claro que lo que eso significa
realmente es que la "supervivencia" en los cinco años siguientes es algo
mayor estadísticamente, no que el cáncer se cure porque el paciente
desgraciadamente termina muriendo en la mayor parte de los casos. Y es
que ya hemos explicado en artículos anteriores que cuando los oncólogos
hablan de "curación" no se refieren a que uno queda libre del cáncer
sino que hablan de "curación clínica", término que se aplica a todo
enfermo que sigue vivo cinco años después de serle diagnosticado un
cáncer. Aunque al día siguiente se muera. Un sarcasmo.
Es también
evidente que aun cuando cada persona es un mundo, la respuesta a la
Quimioterapia varía en función de las dosis, el tipo de fármaco que se
da, la duración del tratamiento y el grado de evolución en que está la
enfermedad. En realidad sólo existe una certeza sobre el asunto: todos
los fármacos químicos que se utilizan para tratar el cáncer son tóxicos
y, además, claramente immunodepresores, es decir, bajan las defensas
naturales del enfermo. Y -por si fuera poco- la mayoría son también
cancerígenos. Y no ya como efecto colateral sino como efecto primario
puesto que no distinguen entre las células cancerosas y las células
sanas. Destruyen ambas. Es más, la mayoría atacan la médula ósea
destruyendo a la vez los glóbulos blancos cuya función es combatir las
infecciones, los glóbulos rojos que llevan el vital oxígeno a los
órganos del cuerpo y las plaquetas que permiten la coagulación de la
sangre. Consecuentemente, todo enfermo sometido a Quimioterapia termina
con su sistema inmunitario destruido o comprometido quedando expuesto a
otras enfermedades por lo que no es extraño que puedan fallecer de una
simple pulmonía o de una infección común. En resumen, la Quimioterapia
es uno de los tratamientos más devastadores -física, psíquica y
emocionalmente- a los que puede someterse una persona enferma. Y el daño
interno producido se comprueba rápidamente. La mayoría de los fármacos
oncológicos provocan, entre otros efectos indeseables, calvicie (el
cabello puede tardar años en regresar a la normalidad), náuseas
extremas, vómitos, encías sangrantes, debilidad extrema, llagas
alrededor de la boca, aftas y sangrado y ulceración del tracto
gastrointestinal. Muchos pacientes aseguran que los "efectos
colaterales" -entre ellos, la fatiga- son incluso peores que la propia
enfermedad. Una dramática realidad que no es negada por la medicina
convencional. ¿Cómo iban a negar las evidencias? "Es inevitable -argumentan sus defensores-, el precio a pagar, el riesgo a correr para tratar de vencer al cáncer".
Y, sin embargo, si se sabe que los productos que se usan son tóxicos,
auténticos venenos para el organismo, ¿cómo se sustenta la idea de que
la quimioterapia es beneficiosa en el tratamiento del cáncer? Pues se
sustenta en la creencia de los oncólogos -no demasiado avalada por los
resultados finales- de que el cáncer es un mal localizado -por eso
hablan de muchos tipos de cáncer distintos- que se combate de forma
específica y localizada. Con lo que en la práctica han reducido en
general la lucha contra el cáncer a la lucha contra los tumores. Es
decir, como confunden el tumor con el cáncer utilizan medicamentos
tóxicos para intentar reducir su tamaño creyendo que eso implica vencer
al cáncer. Según la teoría oficial, reducir el tamaño de un tumor
proporciona al paciente una mayor expectativa de vida. Una teoría, cabe
añadir, que la experiencia ha demostrado falsa hasta la saciedad. Porque
es verdad que en algunos casos tal cosa puede suceder pero lo cierto es
que en el caso de cánceres avanzados, al final casi todos mueren. Antes
de los cinco años en la mayoría de las ocasiones. Con una calidad de
vida, además, mucho peor. Bueno, pues con esa simple expectativa de
aumento de vida durante unos meses o unos pocos años... justifican la
Quimioterapia y el auténtico drama por el que se hace pasar al enfermo.
Una extraña pirueta dialéctica que adornan con lenguaje "científico" y
con la que intentan convencernos -y autoconvencerse- dando por válida
una secuencia causa-efecto absolutamente cuestionable. Porque,
-ES CIERTO que hay fármacos que reducen cierto tipo de tumores.
Pero conviene saber que para pasar el test de "efectividad" la FDA
norteamericana no exige evidencia de que los remedios salven vidas o
curen algo sino sólo de que son "efectivos para el uso para el cual están pensados". "El fármaco -se dice- tendrá el efecto que se supone que tiene bajo las condiciones de uso prescriptas, recomendadas y sugeridas en la etiqueta" . Es
decir, para que un producto contra el cáncer se considere "efectivo"
basta que reduzca el tamaño del tumor si para ello se prescribe. Aunque
no sirva para curar al enfermo, como ocurre en la mayoría de los casos.
-Por tanto, NO ES CIERTO que la reducción de un tumor implique la curación, la recuperación de la salud. Alan C. Nixon, ex presidente de la American Chemical Society, escribió al respecto:
"Como químico entrenado para interpretar datos me parece incomprensible
que los médicos ignoren la clara evidencia de que la Quimioterapia hace
mucho, pero mucho más daño que bien".
LA QUIMIOTERAPIA, CURAR NO CURA NADA
El Dr. Ulrich Abel, experto en Bioestadística Oncológica en Heidelberg, publicó en 1990 una de las obras más críticas con la teoría oficial: Quimioterapia para cánceres epiteliales avanzados. Al
decir "epitelial", el doctor Abel se refiere en su obra a las formas
más frecuentes de adenocarcinoma -pulmón, mama, próstata, colon, etc-,
"tipos" de cáncer que provocan el 80% de las muertes por esta enfermedad
en los países industriales avanzados. Pues bien, al hacer una revisión
de su obra cinco años después -que, curiosamente, nunca fue traducida al
inglés- pudo constatar que las conclusiones seguían siendo válidas. Es
más, todavía hoy, consultado por esta revista, considera sus resultados
vigentes aun cuando reconoce no haber continuado con sus seguimientos
estadísticos en este campo. Bueno, pues la obra del Dr. Abel, sin que
afirme la falta de eficacia de la Quimioterapia en todos los casos,
avala con sus estudios estadísticos las dudas de muchos médicos sobre la
eficacia de la Quimioterapia, especialmente en las fases avanzadas.
Porque, en sus propias palabras, "un análisis sobrio y sin prejuicios
de la literatura (científica) raramente ha revelado que los regímenes
(de medicamentos) en cuestión tengan algún beneficio terapéutico en el
tratamiento de cánceres epiteliales avanzados". Después de diez años
trabajando en el área de Estadística en Oncología Clínica, la inquietud
del Dr. Abel acabó transformándose en certeza: "No hay evidencia,
para la gran mayoría de los casos de cáncer, de que el tratamiento con
estos fármacos produzca resultados positivos en los pacientes con
enfermedad avanzada, ya sea en expectativas de vida o en calidad de
vida". Y agrega: "La casi dogmática creencia en la eficacia de la
Quimioterapia se basa con frecuencia en conclusiones falsas extraídas
de datos inapropiados".
En resumen, el minucioso trabajo del Dr. Abel hasta 1995 -como quién
dice, anteayer- pone en evidencia que la Oncología ha sido incapaz de
proporcionar bases científicas sólidas para justificar el uso de la
terapia citotóxica tal como se ha venido haciendo. A pesar de lo cual la
tesis de que la Quimioterapia es eficaz está considerado un dogma de la
medicina moderna desde hace décadas. Los resultados, empero, no
justifican esa apuesta unilateral mientras otras líneas de investigación
han sido abandonadas, descartadas o relegadas al esfuerzo individual.
La
realidad es que la tasa de mortalidad en los cánceres más comunes
-cáncer de colon, mama, próstata, páncreas, y ovarios- ha evolucionado
muy poco en los últimos cincuenta años. Contra los tumores malignos de
pulmón tampoco se ha avanzado mucho. En algunos casos, la diferencia
entre aplicar Quimioterapia y no hacerlo apenas es significativa. Un
estudio inglés efectuado en 1992 concluyó que en el caso del cáncer de
mama de diagnóstico temprano se había hallado una modesta ventaja en
cuanto a extensión de vida. Se evaluaron 31 estudios en los que
participaron 11.000 mujeres y se encontró una leve ventaja de extensión
de vida después de diez años en pacientes que habían recibido
"poliquimioterapia" (más de un fármaco oncológico durante más de un
mes). La probabilidad de que las mujeres estuvieran vivas diez años
después, sin embargo, eran tan sólo del 51,3% con los medicamentos
frente a un 45% sin los medicamentos. Es decir, sólo un 6,3% de
diferencia en la esperanza de vida.
Bueno, pues a pesar de tan escasa -y discutible- diferencia las
autoridades médicas recomiendan quimioterapia a todas las pacientes con
cáncer de mama, tengan o no signos visibles de cáncer después de la
cirugía. La teoría oficial mantiene que, haciendo una proyección
estadística con miles de mujeres, se deduce que muchas se pueden salvar.
La verdad, sin embargo, es que las estadísticas lo que demuestran es
que el 93,7% no sólo no se beneficiará de la Quimioterapia sino que sus
organismos serán devastados por los efectos secundarios de los fármacos
oncológicos. ¿Y mejorará con ello al menos su calidad de vida?
Indudablemente, no: empeorará. Porque ya hemos dicho que prácticamente
todos los agentes quimioterapéuticos son tóxicos e inmunosupresores.
EL DRAMA HUMANO DE LA QUIMIOTERAPIA.
En suma,
la Quimioterapia no sólo no garantiza en la mayor parte de los casos una
mayor supervivencia sino que encima provoca una calidad de vida mucho
peor. Uno de los principales efectos que modifican determinantemente la
vida de los pacientes es la anemia, asociada a fatiga y cansancio. Y es
que entre las células sanas que destruye la Quimioterapia se encuentran
los glóbulos rojos, encargados de transportar el oxígeno a través de
todo el cuerpo para mantener la energía. Su pérdida puede además
sobrecargar el corazón haciendo que se esfuerce por aportar oxígeno
donde se necesita, impedir pensar con claridad, convertir la lectura y
la escritura en una tarea hercúlea, suprimir el estímulo sexual y
convertir cualquier actividad cotidiana en un esfuerzo agotador.
Después
están las infecciones. El paciente tendrá que luchar contra todo tipo de
infecciones oportunistas porque los fármacos destruyen los leucocitos
preparados para la defensa del organismo. De hecho, si se contrae
cualquier infección durante el tratamiento con Quimioterapia lo normal
es que el enfermo sea hospitalizado, algo que indudablemente lo debilita
aún más psicológicamente porque tiene que alterar su vida y dejar sus
actividades cotidianas -incluido el trabajo-, le impide cuidar de los
hijos, debe permanecer alejado de la familia y los amigos.... Sin
olvidar que por estar hospitalizado estará más expuesto a contraer otras
infecciones. A fin de cuentas, hoy día los hospitales son auténticos
focos de infección.
Además de los citados efectos a corto plazo -entre otros- la
Quimioterapia puede provocar a largo plazo algunos más graves. Por
ejemplo, lesiones de corazón que pueden manifestarse semanas, meses o
años después del tratamiento. Un trabajo publicado el año pasado
apuntalaba esta hipótesis, mantenida desde hace tiempo por algunos
investigadores. Nature Medicine descubría que el mismo mecanismo que sirve para luchar contra los tumores en una de las sustancias (Herceptin) utilizadas
en el cáncer de mama es responsable a su vez de causar daños en el
corazón al hacer más vulnerables las células cardíacas a la toxicidad de
los quimioterapéuticos que se administran a continuación.
La
Quimioterapia puede también provocar pérdida de la fertilidad y, sobre
todo, un mayor riesgo de reaparición del cáncer. Está demostrado que la
mayoría de las productos quimoterapéuticos pueden llegar a producir
cánceres secundarios, especialmente en el tracto gastrointestinal, los
ovarios y los pulmones. Éstos se encuentran entre los cánceres más
difíciles de tratar y pueden aparecer cinco, diez o quince años después
de un primer tratamiento "exitoso" con Quimioterapia. El New England Journal of Medicine publicaba el 21 de septiembre de 1989 lo siguiente: "Se
sabe que los cánceres secundarios son complicaciones causadas por la
quimioterapia y la irradiación empleada para tratar linfomas y linfomas
de Hodgkin además de otros cánceres primarios". Y un año después -el 5 de enero de 1990- Associated Press difundía la siguiente noticia:
"Las fármacos que se usaban hace tiempo para tratar el cáncer ovárico
pueden haber resultado tan nocivas como beneficiosas al incrementar
enormemente el riesgo de padecer leucemia... Entre las mujeres tratadas
desde 1960 hasta 1985 el riesgo de leucemia era 12 veces superior en
aquellas pacientes que recibieron Quimioterapia que en aquéllas que sólo
fueron sometidas a cirugía".
Cabe añadir que según el Dr. John Cairns, microbiólogo de Harvard,
"entre el 5 y el 10% de los pacientes que sobreviven a la Quimioterapia
mueren luego de leucemia en los diez años posteriores al tratamiento". Y que cuando -como muchos oncólogos proponen- "la
Quimioterapia y la radiación se aplican conjuntamente los tumores
secundarios se dan en una proporción aproximadamente 25 veces mayor de
lo esperable". Esta determinación tan contundente fue realizada por el Dr. John Laszlo siendo vicepresidente superior de investigación de la Sociedad Americana contra el Cáncer.
"Las nuevas combinaciones quimioterapéuticas no están aportando ni
más supervivencia ni más calidad de vida que otros protocolos más
antiguos en los cánceres más significativos pero están elevando la
factura de forma considerable", denunciaba hace poco. el Journal of National Cancer
en un trabajo en el que se comparaba la eficacia y el coste de la
combinación cisplatino-vinorelbina con la de paclitaxel -el conocido Taxol-
y carboplatino. Este último protocolo, comparado con el primero, eleva
el gasto total del tratamiento en 9.000 euros, una diferencia sustancial
sin que por ello mejoren los resultados finales. Lo de siempre: no hay
mejores resultados pero sí más gastos en medicamentos y más ingresos
para la industria. Con la complicidad de los ministerios de Sanidad.
LA MEDICINA, COMO LA JUSTICIA: CIEGA.
Como
oficialmente se ha decidido no trabajar en nuevas líneas de
investigación los médicos siguen basando en la Quimioterapia buena parte
de los tratamientos contra el cáncer. Para algunos es lo "lógico" a la
vista de que sus conocimientos sólo apuntan en la dirección de los
fármacos agresivos; para otros es un callejón sin salida. El ya citado
Dr. Abel realizó una encuesta entre cientos de oncólogos y su conclusión
fue ésta: "Las opiniones personales de muchos oncólogos parecen contrastar de manera llamativa con lo que se comunica al público". Ya en un artículo titulado Chemotherapy: Snake-Oil Remedy? aparecido en Los Angeles Times el 1 de septiembre de 1987, el Dr. Martin F. Shapiro denunciaba públicamente que
"mientras algunos oncólogos informan a sus pacientes de la falta de
evidencias reales de los tratamientos... otros se dejan llevar por los
estudios científicos que manifiestan un optimismo injustificado sobre la
Quimioterapia. Y algunos más responden sencillamente a los incentivos
económicos; los médicos pueden ganar mucho más dinero practicando la
Quimioterapia de lo que pueden ganar proporcionando solaz y alivio a los pacientes agonizantes y sus familias ". El Dr. Shapiro no es, en todo caso, el primero -ni el único- en hacer esta denuncia. El doctor Alan Levin,
profesor de Inmunología en la Facultad de Medicina de San Francisco,
afirmó ya en 1985 durante una conferencia sobre los abusos en la
medicina lo siguiente: "Los médicos generalistas son intimidados para
seguir protocolos que se sabe que no funcionan. Uno de los ejemplos más
evidentes es la Quimioterapia, que no funciona en la mayoría de
cánceres".Y agregó: "A pesar de que la mayoría de los médicos está de
acuerdo con que la Quimioterapia resulta en gran medida ineficaz se ven
coaccionados a usarla por grupos de interés especiales que tienen
intereses creados en las ganancias que produce la industria".
En 1986 un grupo de investigadores del McGill Cancer Center hizo
una encuesta entre 118 médicos que trataban el cáncer de pulmón con
quimioterapia pidiéndoles que imaginaran que enfermaban de cáncer y
comunicaran con qué tratamientos habituales de Quimioterapia aceptarían
ser tratados. Pues bien, 64 de 79 aseguraron que no consentirían en modo
alguno estar en ningún tratamiento que incluyera cistaplino, un
producto común en Quimioterapia. Es más, ¡cincuenta y ocho! dijeron que
los ensayos sobre esos fármacos no eran asumibles porque no demostraban
su eficacia y en cambio su toxicidad era inaceptable. ¿Le cabe alguna
duda aún, amigo lector, de que médicos y medicina permanecen ciegos ante
la realidad?
Ahora bien, ¿significa esto que las personas relacionadas con las
investigaciones sobre cáncer y la industria farmacéutica forman parte de
algún tipo de conspiración para detener la cura del cáncer? Edward Griffin, en su obra The Politics of Cancer, no lo cree: "(...)
Afrontémoslo: esas personas mueren de cáncer como todo el mundo (...)
Es obvio pues que no ocultan conscientemente un posible control de la
enfermedad. Lo que significa es que el monopolio médico del cartel
(farmacéutico-químico) ha creado tal clima de influencias en nuestro
sistema educativo que la verdad científica se sacrifica a menudo a los
intereses creados".
En esta misma línea parece apuntar la información publicada el 26 de enero de este año en The New York Times titulada Las ventas de medicamentos (utilizados en quimioterapia) producen altas ganancias a los oncólogos". Según el diario,
"en un momento en el que el conjunto del gasto en medicamentos de
prescripción está por las nubes, los especialistas en cáncer (en los
EEUU) se están embolsando centenares de millones de dólares cada año
vendiendo fármacos a los enfermos, una práctica que casi ningún médico
sigue". Se trata, ante todo, de un negocio. Para la industria... y para los oncólogos.
Según datos del Medical Group Management Association, entre 1997 y
2001 la venta de fármacos llevó a los oncólogos a aumentar sus ingresos
en un 40% (ganan de media casi 300.000 dólares al año, incluidas las
ganancias extras por venta de medicamentos antitumorales), lo que les ha
puesto al frente de la lista de quienes más ganan entre los
especialistas médicos. Un grave conflicto de intereses que fue
denunciado hace ya un año por el doctor Nicholas González,
director en Estados Unidos de un programa federal de tratamiento del
cáncer de páncreas con terapia nutricional. González denunció
públicamente que los oncólogos muy raramente recomendaban a sus
pacientes que se trataran con esta terapia y afirmó que, a su juicio,
buena parte del problema era "financiero": "Los oncólogos pueden
ingresar hasta 20.000 dólares con un tratamiento de Quimioterapia para
el cáncer pancreático... aunque no funciona. Pero es el tratamiento
normal y está cubierto por el seguro. Además, si recomendaran a un
paciente entrar a formar parte de nuestro estudio de tratamiento del
cáncer con Nutrición el enfermo dejaría de ser tratado con fármacos y
ellos perderían esos ingresos. Ese es el problema. Algunos llevan además
sus propios estudios con Quimioterapia y no están dispuestos a dejarnos
los pacientes a nosotros".
Hay que añadir que esta denuncia tiene su fundamento no sólo en el hecho
de que los propios médicos venden los medicamentos -lo que de por sí
propicia la sospecha- sino en algunos datos publicados con anterioridad.
La alarma sobre ese posible conflicto de intereses la hizo sonar el 12
de mayo del 2001 un estudio del Dr. Ezekiel J. Emanuel, bioético y
oncólogo que trabaja en los Institutos Nacionales de Salud de Estados
Unidos, quien levantó una considerable polémica durante una reunión de
la Sociedad Americana de Oncología Clínica en San Francisco.
Resulta que tras estudiar los casos de casi 8.000 pacientes de
Massachussets había constatado que en sus últimos meses de vida a todos
los enfermos de cáncer se les daba Quimioterapia aunque se supiera que
no respondían ya al tratamiento. "Podría entenderse -denunció-
que se de Quimioterapia para reducir el tumor y aliviar los dolores a
los pacientes que responden al tratamiento pero hacerlo con quienes no
responden es duro de justificar". Los oncólogos se defenderían
afirmando que en muchas ocasiones son los propios pacientes o sus
familiares los que lo piden aferrándose al tratamiento como última
esperanza.
Afortunadamente,
en España los médicos no venden directamente los medicamentos.
Desafortunadamente, las terapias complementarias siguen dejándose
oficialmente de lado.
CUESTIÓN DE OBJETIVOS.
Terminamos
diciendo que los enfermos de cáncer deberían entender que cada caso es
individual y que son muchos los factores que intervienen en una posible
remisión, comenzando probablemente por la fe del paciente en el propio
tratamiento. Y no es nuestra intención arrebatar la esperanza a nadie
pero el propio Mariano Barbacid ha reconocido públicamente que el
éxito de la Quimioterapia se cifra sólo en el 10% de los casos. Y está
por demostrar si esa cifra no está engordada con falsos positivos
-personas tratada de cáncer sin tenerlo, algo más habitual de lo que
pudiera parecer- y si se ha descontado el 5% de error estadístico que se
considera "normal". Ciertamente, hay casos en los que los tumores han
remitido con un tratamiento quimioterapéutico. Están constatados. Que
fueran o no realmente malignos es otro cantar. Y que esa remisión
supusiera su curación, es decir, que el cáncer desapareciera, está
también por demostrar. A los enfermos de cáncer no se les sigue
habitualmente la pista cinco o diez años después de finalizar el
tratamiento. Se ignora, por tanto, cuántos casos de cáncer reales
tratados con Quimioterapia se han "curado" o han sobrevivido más de 10
años. Esas estadísticas prácticamente no existen. No interesan.
Como no
interesa dar a conocer que existen otras formas de entender qué es el
cáncer y cómo afrontarlo. De ello les hablaremos en próximos números.
Antonio Muro.
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Terapias Alternativas Contra el Cáncer
© Richard Walters (Extraído de "Opciones: El libro de las terapias alternativas contra el cáncer").
Este año, un millón de americanos se enterarán de que padecen cáncer.
Aproximadamente dos de cada tres pacientes de cáncer morirán a causa de
esta enfermedad (o a causa de la terapia empleada) en el transcurso de
cinco años desde su diagnóstico.
Mientras
los medios de comunicación periódicamente anuncian grandes
descubrimientos en relación al cáncer, las curas se dan principalmente
en los anuncios de la prensa. La guerra contra el cáncer" ha resultado
ser un fracaso colosal a pesar de los cientos de miles millones de
dólares invertidos en investigación y tratamiento.
Los tres métodos comprobados para el tratamiento del cáncer - la
quimioterapia, la radiación, y la cirugía - pueden en realidad acortar
la vida del paciente en muchos casos. Todos estos tratamientos son
invasivos, tienen efectos colaterales devastadores, y solo tratan los
síntomas. Todos ellos pueden ocasionar la expansión del cáncer o bien su
reincidencia. Si bien estos métodos, perjudiciales para la inmunidad
del cuerpo, a veces pueden ser necesarios, sus resultados exitosos se
han limitado principalmente a formas relativamente raras de cáncer o a
las fases tempranas de la enfermedad. Para la mayoría de los cánceres en
los adultos, las terapias ortodoxas virtualmente no resultan curativas,
aunque pueden de alguna manera alargar el tiempo de vida. En el caso de
muchos pacientes, las terapias normales acortan el tiempo de vida: "La
mayoría de los pacientes de cáncer en este país muere a causa de la
quimioterapia", comenta el Dr. Alan Levin de la Facultad de Medicina de
la Universidad de California. "La quimioterapia no elimina el cáncer de
mama, colon, o pulmón. Este hecho ha sido documentado durante más de una
década .... Existen mayores probabilidades de que las mujeres que
padecen cáncer de pecho mueran más rápidamente con la quimioterapia que
sin ella". 1
Sólo entre 2 y 3 por ciento del casi medio millón de americanos
diagnosticados con cáncer cada año son salvados por la quimioterapia,
según el Dr. John Cairns de la Escuela de Salud Pública de la
Universidad de Harvard.2 A pesar de ello, más de la mitad del total de
los pacientes enfermos de cáncer habitualmente recibe drogas para el
tratamiento con quimioterapia las cuales pueden reducir las
posibilidades de supervivencia del paciente. Todas las drogas empleadas
en la quimioterapia son tóxicas y muchas de ellas son cancerígenas, es
decir que pueden producir cáncer. El uso desmedido de la quimioterapia,
un negocio que deja aproximadamente alrededor de $750 millones anuales
con la venta de drogas solamente, constituye un escándalo nacional.
Desilusionados con los tratamientos normales contra el cáncer, los
cuales a menudo tienen efectos colaterales devastadores y generalmente
cuestan alrededor de $30.000 o más, miles de pacientes están volviendo a
las terapias no tóxicas o alternativas. Frecuentemente llamadas
complementarias, no ortodoxas, o no convencionales, estas terapias
incluyen métodos nutritivos, con hierbas, metabólicos, fortalecedores
del sistema inmunológico, biológicos, farmacológicos no tóxicos, además
de los métodos psicológico-conductuales. Si bien las terapias
alternativas son muy variadas, todas ellas están arraigadas en la idea
de que un cuerpo verdaderamente saludable no ha de desarrollar cáncer.
Los médicos alternativos creen que la causa del cáncer se encuentra a
menudo en la alteración del sistema inmunológico o en un desequilibrio
corporal que permite que el tumor se desarrolle.
Las terapias alternativas comparten ciertos rasgos comunes. Son
relativamente poco tóxicas, a diferencia de la quimioterapia y la
radiación, que destruyen a las células normales. Estas terapias apuntan a
limpiar el cuerpo, estimular sus defensas naturales y su capacidad para
destruir tumores. Poseen niveles de seguridad relativamente altos en
comparación con los tratamientos ortodoxos. Muchas o la mayoría de las
terapias alternativas combinan dietas especiales; complementos
vitamínicos, minerales, y enzimas; desintoxicación; oxigenación;
estimulación inmunológica; y regímenes psicológicos o espirituales para
promover una curación gradual.
Para los médicos tradicionales, el cáncer es una enfermedad localizada,
que debe ser tratada de manera también localizada. Cortando el tumor,
irradiándolo, o invadiendo el cuerpo con drogas tóxicas (y a menudo
cancerígenas), el médico ortodoxo busca destruir el tumor y así salvar
al paciente. Pero la mayoría de las veces, el cáncer sigue presente y ha
desarrollado metástasis (es decir, se ha extendido a otra parte del
cuerpo). El método convencional, la alopatía, con toda su parafernalia
de alta tecnología, se basa en una filosofía médica primitiva: ataca a
la enfermedad "enemiga" de manera agresiva. A menudo, el paciente
resulta devastado durante el proceso, mientras que el cáncer y sus
causas subyacentes permanecen.
Por el contrario, el médico alternativo considera al cáncer como una
enfermedad sistémica, la cual involucra al cuerpo entero. Desde este
punto de vista, el tumor es meramente un síntoma y la terapia apunta a
corregir las causas desde la raíz. En lugar de atacar al tumor de manera
agresiva, muchas terapias alternativas se centran en la reconstrucción
de la inmunidad natural del cuerpo y el fortalecimiento de su habilidad
inherente para destruir las células del cáncer. Varias terapias
alternativas también incluyen medidas naturales para atacar directamente
y destruir al tumor, ya sea mediante hierbas, enzimas, u otros medios.
Muchos pacientes de cáncer considerados "terminales" o "desahuciados"
por sus médicos convencionales comenzaron a usar terapias alternativas,
se recuperaron totalmente, y viven bien cinco, diez, veinte años, o más
después de recibir sus fatales diagnósticos. Otros pacientes que siguen
protocolos alternativos experimentan tiempos de sobrevida prolongados,
alivio del dolor y el sufrimiento. Las terapias alternativas contra el
cáncer no resultan efectivas en todos lo casos, muchos mueren. No
existen soluciones mágicas, no hay garantías. Desafortunadamente no hay
estadísticas confiables acerca de los resultados obtenidos a través de
los tratamientos alternativos. Algunas de las terapias funcionan durante
algún tiempo para algunas personas.
El establishment médico ignora la existencia de estos sobrevivientes del
cáncer o bien los rechaza por considerarlos "evidencia anecdótica".
Otro ardid del establishment es afirmar que las personas que se curaron
mediante las terapias alternativas en realidad se recuperaron
mágicamente debido al tratamiento previo - aunque la quimioterapia
tóxica o la radiación inmuno-destructora administrada meses o años más
antes no haya tenido absolutamente ningún efecto en el retardo de la
enfermedad de rápido avance o con metástasis.
Otra táctica favorita del establishment es decir que los pacientes de
cáncer que fueron curados a través de las terapias alternativas
simplemente sufrieron "remisiones espontáneas". Ésta es la jerga médica
usada para justificar la "recuperación inexplicable", una hoja de
higuera para cubrir la ignorancia de los médicos que no pueden explicar
lo sucedido. En realidad no existe tal remisión espontánea, como muchos
médicos reconocen. Siempre debe haber una causa o mecanismo para la
regresión aparentemente espontánea del tumor.3 El estudio más abarcativo
jamás realizado acerca de la remisión espontánea de cánceres avanzados
dio un insignificante total de 176 casos en la literatura médica mundial
comprendida entre los años 1900 y 1965. Esto significa que las
probabilidades de que un médico encuentre varias remisiones espontáneas
en su vida son prácticamente nulas.4 Sin embargo, hay médicos
alternativos que cuentan con centenares de las denominadas remisiones
espontáneas de cáncer avanzado en su haber.
Después de analizar 200 casos de la denominada regresión espontánea del
cáncer, el profesor canadiense y doctor en medicina Harold Foster,
encontró en 1988 que la gran mayoría de estas personas (88 por ciento)
había hecho importantes modificaciones alimentarias, generalmente se
habían volcado a una dieta estrictamente vegetariana y evitaban las
harinas blancas, azúcar, y alimentos en conserva o congelados - antes de
que se produjera la regresión dramática o remisión completa del tumor.5
La mayoría de estos pacientes también usó complementos vitamínicos,
minerales, y suplementos de hierbas además de métodos de
desintoxicación. Todos éstos son rasgos prominentes en algunas de las
terapias alternativas contra el cáncer mencionadas en este libro.
El cáncer es un enigma biológico. No existe un acuerdo unánime acerca de
qué es lo que hace que las células crezcan anormalmente, se
multipliquen de manera interminable, desenfrenada. Podrían existir
muchas maneras válidas diferentes de tratar el cáncer. Según Michael
Evers, director ejecutivo del proyecto CURE, existen enfoques serios,
con basamento científico, para el tratamiento del cáncer que no entran
en el modelo tradicional. Nosotros no estamos hablando de medicina de
charlatanería médica ni de curanderos." Como grupo dedicado a la defensa
del paciente, el Proyecto CURE respalda "un sistema médico pluralista"
que permita a los pacientes acceder a las terapias no tóxicas contra el
cáncer como parte de la práctica médica normal. La mayoría de los
americanos, según parece, apoyan este objetivo. En septiembre de 1985
una encuesta nacional general realizada por la prensa y los medios de
comunicación revelaron que la mitad de los americanos cree que se debe
permitir el funcionamiento de clínicas oncológicas alternativas en
Estados Unidos, incluso cuando los tratamientos que ellos ofrecen se
opongan al establishment de la medicina ortodoxa. Más de la mitad de los
encuestados dijeron que elegirían dicho tratamiento ellos mismos si se
les diagnosticara un cáncer.
A pesar del apoyo del público y el creciente interés por los métodos
alternativos no tóxicos, no invasivos, el establishment médico ha
emprendido una feroz campaña contra estas terapias, rotulándolas de
charlatanería. Se le ha puesto candado a los centros de tratamiento. Se
ha enviado a la cárcel a los médicos que indicaban tratamientos basados
en la nutrición o que empleaban hierbas. Los médicos responsables que
verbalmente han apoyado o empleado terapias alternativas han sido
despedidos, degradados, aislados o se les han revocado sus licencias.
Mientras la medicina oficial suprime o frustra aquellas alternativas
prometedoras, destina miles de millones de dólares para las
investigaciones que apoyan a la quimioterapia, la radiación, y la
cirugía como armas principales en la guerra contra el cáncer." Esa
guerra ha sido un fracaso total ya que no ha logrado retardar la
mortalidad. La mortalidad global a causa del cáncer, según la edad, se
ha incrementado un 5 por ciento desde el comienzo de la guerra contra
esta enfermedad.
"Todos debemos saber que 'la guerra contra el cáncer' es un gran
fraude", escribió el Dr. Linus Pauling, dos veces ganador del Premio
Nobel. Otro ganador de este premio, el Dr. James Watson, el
co-descubridor de la doble hélice del ADN, fue más terminante. Watson
perteneció durante dos años al Comité Asesor Nacional sobre Cáncer. En
1975 se le consultó cuál era su opinión sobre el Programa Nacional
contra el Cáncer, y él contestó rápidamente, "es una mierda". 6 La tasa
de mortalidad para los cánceres más comunes, cáncer de pulmón, colon,
pecho, próstata, páncreas, y ovarios, ha seguido igual o se ha
incrementado en los últimos cincuenta años. Como se mencionara en la
revista Business Week publicada el 22 de septiembre de 1986 "La cirugía,
la radiación, y las drogas altamente tóxicas tienden todas a fracasar
por una razón verdaderamente simple: un tumor del tamaño de un dedo
pulgar contiene mil millones de células malignas. Aunque el tratamiento
eliminara el 99.9% de ellas, un millón de células permanecerán y
volverán a reproducirse."
Se puede vivir mucho tiempo más sin necesidad de someterse a ningún
tratamiento convencional. Ésa era la conclusión del fallecido Dr. Hardin
Jones, profesor de física médica en la Universidad de California
Berkeley. Después de analizar cuidadosamente las estadísticas de
supervivencia al cáncer durante veinticinco años, Jones dijo en una
reunión de la Sociedad Americana del Cáncer realizada en 1969 que los
pacientes sin tratamiento no mueren antes que los pacientes que reciben
tratamientos ortodoxos, y en muchos casos viven más tiempo.7 Tres
estudios realizados por otros investigadores apoyan esta conclusión
negativa que nunca ha sido refutada.
Los mitos en torno a las terapias alternativas contra el cáncer
Muchos mitos y conceptos erróneos rodean a las terapias alternativas
contra el cáncer. A continuación intentaremos clarificar los más
comunes.
Mito #1: Todas las terapias alternativas contra el cáncer no tienen sentido.
Ésta es la posición oficial de la "industria del cáncer" que factura $80
mil millones al año y que está íntimamente asociada a las terapias
ortodoxas. Pero los hechos cuentan una historia muy diferente. Los
pacientes con cánceres avanzados, con metástasis, considerados
médicamente como incurables por sus médicos convencionales, han
revertido sus enfermedades mediante el uso de terapias alternativas y en
la actualidad están totalmente curados. Son muchos más los pacientes
que han podido al menos mantener sus cánceres bajo control y llevar
vidas activas y productivas a través de terapias no tóxicas. Algunos
médicos alternativos han reunido evidencia clínica, que incluye estudios
y casos cuidadosamente documentados, para demostrar la seguridad y
efectividad de sus métodos. Esta evidencia es habitualmente rechazada
por la ortodoxia médica argumentando que no cumple con determinados
criterios, tales como pruebas controladas dobles (en las que a la mitad
de los pacientes no se les administra el tratamiento en cuestión).
Estas curas no significan que todos los métodos no convencionales
funcionen. Algunos pueden ser ineficaces o fraudulentos. "La mayoría de
las terapias alternativas son casi totalmente inútiles, al igual que las
terapias convencionales", dice Patrick McGrady, Jr., fundador de
CANHELP.
Las estimaciones de los índices de éxito con las terapias alternativas
varían ampliamente. Lo que funciona para un paciente o tipo de cáncer
puede fracasar con otro que tenga el mismo o un tipo de mal diferente.
El defensor de la salud holística Gary Null, quién dedicó años a la
investigación de las clínicas alternativas y a la entrevista de
pacientes, sostiene que los índices de éxito han pasado "del 2 al 20 por
ciento" en los casos de cáncer terminal. Algunos médicos alternativos
exageran sus resultados, con índices de remisión en 5 años del 60% o
más. Patrick McGrady es escéptico ante tales afirmaciones. "Sería bueno,
si fuera verdad."
"Mi impresión subjetiva, dice Ralph Moss, editor del boletín The Cancer
Chronicles, "es una tasa de remisión en 5 años entre el 4% y 5% básica
en todas las clínicas alternativas. De esta manera la cifra sube con
casos menos severos. Si yo encontrara una tasa de remisión en 5 años del
20% sería realmente genial." De todos modos Moss siente que este índice
de éxito es altamente significativo. "Después de todo, no se supone que
estas terapias curen, según la medicina ortodoxa". Señala que la
oportunidad para la recuperación en muchos pacientes se ha visto
socavada por la radiación y la quimioterapia previas, las cuales pueden
dañar severamente la respuesta inmunológica y el normal funcionamiento
del cuerpo.
Mito #2: Los terapeutas oncológicos alternativos son charlatanes
inescrupulosos, sin licencia ni capacitación en medicina, e interesados
en hacer dinero fácil.
Este estereotipo se puede aplicar a algunos médicos. Sin embargo, con
demasiada frecuencia, se mete en la misma bolsa a todos los médicos y
terapeutas que trabajan más allá de los límites de la medicina
convencional. La realidad es justamente todo lo contrario.
En un estudio realizado en 1984 en los Anales de Medicina Interna,
Barrie Cassileth, Ph.D., y sus colegas investigadores hallaron que 60
por ciento de los 138 médicos oncológicos alternativos investigados eran
doctores en medicina. Del 40 por ciento restante, muchos tenían
doctorados en biología, química, y otras ciencias relacionadas además de
una extensa trayectoria en investigación.8
La Sociedad Americana del Cáncer (ACS) lleva un compendio de "Métodos no
comprobados contra el cáncer" el cual funciona como la herramienta
principal del establishment oncológico para rotular a las terapias
alternativas como pseudociencia. Para la ACS "no comprobado" significa
"refutado". Además de esto, la declaración de los jueces de la ACS según
los cuales "no existe ninguna evidencia aceptable" para una terapia
particular, generalmente se suma a una completa desestimación de los
datos que la sustentan.9 La inclusión del nombre del médico y la terapia
empleada en esta desafortunada lista negra oficial conduce a la pérdida
de fondos, a una repentina imposibilidad de conseguir la publicación de
artículos, al rechazo de aplicaciones de ensayo, y al acoso de la
Administración de Drogas y Alimentos (FDA), cuando no, a la cárcel. La
lista negra de la ACS "se parece a las listas de las 'organizaciones
subversivas' alguna vez mantenidas por el "House Un-American Activities
Committee", observa Ralph Moss en su dura exposición, La Industria del
Cáncer (ver el Apéndice A). "El simple hecho de incluir el nombre de un
científico en la lista tiene el efecto de condenar su trabajo y ponerle
la etiqueta de charlatán a él y a sus esfuerzos". 10
El análisis realizado por Moss sobre los terapeutas no ortodoxos cuyos
nombres aparecen en la lista de Métodos No Demostrados de la ACS revela
que el 65 por ciento de ellos eran Doctores en Medicina, muchos
egresados de prestigiosas facultades de medicina; un 13 por ciento
adicional tenía Doctorados (PH.D.) en disciplinas médicas o científicas.
"Varios de los científicos en las listas de Métodos No Demostrados de la
ACS eran sin duda personas de genio", observa el escritor de ciencias
Robert Houston.11. Entre los ejemplos que él cita se encuentra Max
Gerson, Doctor en Medicina cuyo tratamiento del cáncer a través de
dietas se anticipó a muchas de las tendencias de investigación actuales.
Gerson fue aclamado por el Premio Nobel Dr. Alberto Schweitzer quien
escribió "veo en él a uno de los genios médicos más eminentes en la
historia de la medicina."
Estos médicos difícilmente encajen en la imagen de vendedores de aceite de serpiente.
Mito #3: Los Pacientes que buscan terapias alternativas están
guiados por la desesperación. Son ignorantes, incautos o ambas cosas.
Contrariamente a este estereotipo, estudios recientes han demostrado que
las terapias alternativas contra el cáncer son más populares entre
pacientes opulentos, con un buen nivel de educación, y que
sorprendentemente tienen el respaldo de algunos médicos convencionales.
"Se ha explotado el estereotipo de las personas menos educadas, pobres
que sucumben a los señuelos de la charlatanería", decía el Dr. LaMar
McGinnis en una conferencia organizada por la Sociedad Americana contra
el Cáncer en San Francisco en 1990. McGinnis, ex-presidente del Comité
sobre Métodos No Demostrados de la CAS y no muy amigo de los
tratamientos alternativos, basó sus comentarios en un estudio no
publicado por la CAS sobre un total de 5.047 pacientes.
"Muchos pacientes que reciben atención alternativa no cumplen con el
estereotipo tradicional carente de educación, enfermos terminales que
han agotado todos los tratamientos convencionales", escribía Barrie
Cassileth en su estudio que marcó un hito en 1984 (ver Mito #2). Ella
observó que los pacientes de cáncer tratados con terapias alternativas
contaban con un nivel de educación significativamente más alto que los
pacientes sometidos exclusivamente a tratamientos convencionales. Muchos
fueron atraídos a las terapias alternativas enfatizando la
responsabilidad personal, la nutrición y el apartamento de lo que los
pacientes consideraban deficiencias de la atención médica ortodoxa. La
mayoría de los pacientes pagó menos de $1.000 por el primer año de
tratamiento alternativo. Incluso, teniendo en cuenta la inflación y las
fuertes variaciones en los honorarios, estos gastos resultan modestos
comparados con los $2.500 diarios que demanda el establishment médico
por sus procedimientos invasivos. Cassileth también observó que la
terapia alternativa era realmente aceptada por los médicos de cabecera
de los pacientes en un 30 por ciento de las veces.
Mito #4: Las terapias alternativas contra el cáncer no han sido
"demostradas", por consiguiente no son comprobadas ni científicas.
La Sociedad Americana contra el Cáncer tiene setenta y dos terapias
alternativas contra el cáncer en su lista de Métodos No Demostrados. En
su revelador análisis de la lista negra de la ACS, Ralph Moss advierte
que para el 44 por ciento de estas terapias condenadas, la ACS o ninguna
otra agencia había realizado investigación alguna. En otro 11 por
ciento, las investigaciones habían arrojado resultados positivos. En un
16 por ciento se habían obtenido resultados inconclusos. Y para el 29
por ciento restante, los jueces de la ACS habían determinado que los
métodos en cuestión eran ineficaces, teniendo en cuenta que, como lo
indicaba Moss, "Virtualmente todos los jueces de la ACS son médicos
ortodoxos con intereses creados en el sistema. Para hacer sus
valoraciones, ellos se basan en informes de segunda o tercera mano como
es el caso de artículos de revistas y asociaciones médicas extranjeras".
La Hipertermia, o la terapia con calor, alguna vez considerada como un
"remedio inútil" y "chapucero" por la ACS, fue eliminada años después de
la lista de Métodos No Demostrados. En la actualidad, la hipertermia
se está siendo utilizando en los principales centros médicos; ha
sido avalada por algunos médicos oncólogos como la principal modalidad de
tratamiento contra el cáncer después la cirugía, la radiación, las
drogas, y la inmunoterapia. Éste es el mismo método que la ACS desterró
en 1967.
Otros cuatro tratamientos no ortodoxos contra el cáncer alguna vez
estigmatizados por su inclusión en la lista negra de la ACS fueron
posteriormente eliminados de la misma: el sulfato de hidracina, la
terapia de Coley, la terapia de Lincoln, y la terapia de Inmunidad
Natural de Hendricks. Su "rehabilitación" al estilo Stalinista se
produjo a través de la presión de investigadores e instituciones
prestigiosas con un profundo interés en la exploración de estos métodos.
Estos ejemplos demuestran el prejuicio construido dentro del sistema no
científico de la ACS, el cual tiene como principal objetivo la
protección de los intereses monetarios de la quimioterapia, la
radiación, y la cirugía. Es necesario tener una mente abierta a todas
las opciones disponibles.
El Mito de las Terapias "Demostradas"
La mayoría de las prácticas cotidianas en la medicina moderna no están
demostradas si nos guiamos por las mismas normas impuestas por el
gobierno. En 1978, la Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA), un brazo
del Congreso de Estados Unidos, emitió un informe sobre una importante
investigación en el que se llegaba a la conclusión de que "sólo entre el
10 y el 20 por ciento de todos los procedimientos actualmente empleados
en las prácticas médicas han demostrado, a través de ensayos
controlados, ser eficaces. En otras palabras, entre el 80 y el 90 por
ciento de lo que los médicos aplican son conjeturas no comprobadas
científicamente. Gracias a esta definición sustentada por el gobierno,
la mayor parte de la medicina moderna debería considerarse chapucería.
12
La quimioterapia y la radiación, dos de los tres principales métodos
comprobados para el tratamiento del cáncer, aparentemente entran dentro
de la definición de la OTA como métodos no demostrados, charlatanería
potencialmente peligrosa, por lo menos en gran parte de su uso actual en
los Estados Unidos. La quimioterapia, la radiación, y la cirugía son
todas nocivas para el cuerpo así como para el tumor y todas éstas causan
sufrimiento físico y trauma emocional que frecuentemente constituyen
una experiencia insoportable. Cada uno de estos métodos merece un
análisis más profundo.
La quimioterapia
La quimioterapia ha tenido éxitos dramáticos en el tratamiento de
cánceres de la linfa y las células de la sangre: las leucemias, los
linfomas, y la enfermedad de Hodgkin (un tipo de cáncer de la linfa).
Estos cánceres se tratan mediante la quimioterapia combinada en la que
se utiliza un "cocktail" de varias drogas tóxicas diferentes al mismo
tiempo. Estos cocktails, cuando han sido precedidos por la cirugía y la
radioterapia, han alcanzado índices de curación significativos,
principalmente en el caso de tipos raros de tumores sólidos tales como
el coriocarcinoma.
La clínica Janker en Bonn, Alemania, es famosa por sus tratamientos con
quimioterapia de corto plazo, alta dosificación, normalmente
administrada durante un período de una o dos semanas. Los informes
publicados (aunque no científicos) adjudican a la clínica un índice
increíble del 70 por ciento en remisiones y curas en pacientes que
tenían cánceres con una amplia metástasis. Esta cifra parece
cuestionable porque la mayoría de los pacientes se dirige a esta clínica
como último recurso, con sus sistemas ya devastados por los
tratamientos convencionales. Los médicos americanos escépticos dicen que
las remisiones duran muy poco tiempo y que cuando el cáncer vuelve,
resulta rápidamente fatal.13 Virtualmente todas las drogas contra el
cáncer aprobadas por la FDA son tóxicas en las dosificaciones aplicadas y
resultan notablemente immunodepresivas, destruyendo la resistencia
natural del paciente a muchas enfermedades, incluso el cáncer. La
mayoría de estas drogas aprobadas por la FDA resultan también
cancerígenas, es decir, que tienen una alta probabilidad de producir
cáncer en animales de laboratorio y capaces de causarlo también en los
seres humanos.
Todas estas drogas resultan venenosas no como efecto colateral sino como
efecto primario, puesto que estos venenos no pueden distinguir entre
las células cancerosas y las células normales, destruyen o matan a las
células normales, saludables de todo el cuerpo además de atacar al
tumor. Atacan la médula ósea, destruyendo a la vez a los glóbulos
blancos cuya función es combatir la infección; los glóbulos rojos que
llevan el vital oxígeno a los órganos del cuerpo; y las plaquetas que
permiten la coagulación de la sangre. Desafortunadamente, éstas células
del sistema inmunológico constituyen una parte importante de la defensa
propia del cuerpo contra el cáncer.
Los pacientes sometidos a la quimioterapia, con sus sistemas
inmunológicos completamente destruidos o comprometidos, frecuentemente
mueren de pulmonía o infecciones comunes. La muerte por intoxicación
también es bastante común. En un estudio, 10 por ciento de los 133
pacientes que usaron la droga oncológica 5-FU (fluorouracilo-5) murieron
como consecuencia directa de la toxicidad de la droga.14 Los doctores
se refieren jocosamente a esta conocida droga oncológica como "Cinco
pies abajo". Los pacientes sometidos a la quimioterapia llegan con todo
tipo de enfermedades de la sangre, tales como la anemia aplásica, en que
la médula del hueso ya no puede producir las células de la sangre; la
leucopenia, una disminución anormal en la cantidad de glóbulos blancos; y
trombocitopenia, una reducción anormal de las plaquetas. Los efectos a
largo plazo de la quimioterapia pueden incluir lesiones al corazón
semanas, meses, o años después del tratamiento; la pérdida de
fertilidad; y un mayor riesgo de reincidencia del cáncer.
La mayoría de las drogas oncológicas producen cánceres secundarios,
sobre todo del tracto gastrointestinal, ovarios, y pulmones. Éstos se
encuentran entre los cánceres más difíciles de tratar y pueden aparecer
cinco, diez, quince años después del tratamiento "exitoso" con
quimioterapia. En un estudio se observó que el 18 por ciento de los
sobrevivientes desarrollaron cánceres no relacionados quince años más
tarde. Los siguientes informes son bastante habituales: "Se sabe que los
cánceres secundarios son complicaciones causadas por la quimioterapia y
la irradiación empleada para tratar linfomas y linfomas de Hodgkin
además de otros cánceres primarios" (New England Journal of Medicine, 21
de septiembre de 1989). Las drogas oncológicas que se usaban hace
tiempo para tratar el cáncer ovárico pueden haber resultado tan nocivas
como beneficiosas al incrementar enormemente el riesgo de padecer
leucemia... Entre las mujeres tratadas desde 1960 hasta 1985, el riesgo
de leucemia era 12 veces superior en aquellas pacientes que recibieron
quimioterapia que en aquellas que sólo fueron sometidas a cirugía"
(Associated Press, 5 de enero de 1990). Entre 5 y 10 por ciento de todos
los pacientes que sobreviven a la quimioterapia, luego mueren de
leucemia durante los primeros diez años posteriores al tratamiento,
según el microbiólogo egresado de Harvard, Dr. John Cairns. Cuando la
quimioterapia y la radiación se aplican conjuntamente, los tumores
secundarios se dan en una proporción aproximadamente 25 veces mayor que
lo esperable. Esta determinación tan contundente fue realizada por el
Dr. John Laszlo, vicepresidente superior de investigación de la Sociedad
Americana contra el Cáncer. 15
La quimioterapia puede ser uno de los tratamientos más devastadores
física y emocionalmente. La mayoría de las cuarenta drogas oncológicas
en el mercado aprobadas por la FDA producen calvicie; el cabello puede
tardar años en regresar a la normalidad. Entre otros efectos colaterales
comunes se incluyen náuseas extremas y vómitos, encías sangrantes,
llagas alrededor de la boca, sangrado y ulceración del tracto
gastrointestinal, y cándida (aftas). Muchos pacientes comentan que
sienten que los efectos colaterales les resultan peores que la propia
enfermedad. Numerosas autopsias han demostrado que muchos pacientes
mueren a causa del tratamiento normal que reciben antes de que el tumor
en sí tenga oportunidad de matarlos.16
Los cánceres que causan la muerte de la mayoría de los pacientes, los
grandes asesinos tales como el cáncer de mamas, colon, y pulmón no
responden a la quimioterapia. La quimioterapia tiene apenas una
efectividad limitada en los tumores grandes o expandidos; generalmente
tiene éxito con los tumores pequeños, muy tempranos. Diversos estudios
indican que la quimioterapia no posibilita la supervivencia en el cáncer
de mama. "La quimioterapia puede incluso llegar a acortar la
supervivencia de algunos pacientes (con cáncer de mama) sometidos a este
tratamiento", según seis especialistas oncológicos británicos que
escriben para el prestigioso periódico médico británico The Lancet.17
"Los médicos generalistas son intimidados a usar regímenes que ya saben
no han de funcionar. Uno de los ejemplos más evidentes es la
quimioterapia, la cual no funciona con la mayoría de cánceres" decía
Alan Levin, Doctor en Medicina, en una conferencia nacional sobre los
abusos en la medicina realizada en 1985. Profesor distinguido de
inmunología en la Universidad de California, Facultad de Medicina de San
Francisco, Levin agregaba: "A pesar de que la mayoría de los médicos
está de acuerdo con que la quimioterapia resulta en gran medida
ineficaz, se ven coaccionados a usarla por grupos de interés especiales
que tienen intereses creados en las ganancias que produce la "industria
de las drogas". 18 La prescripción de la quimioterapia, cuando ésta
tiene pocas o ninguna posibilidad de funcionar, "es en el mejor de los
casos estúpido y en el peor de los casos criminal", advierte el Dr.
Robert Atkins, conocido médico dedicado a la medicina complementaria.19 A
pesar de ello, los médicos oncólogos ortodoxos lo hacen a diario.
La radiación
La terapia con radiación, o radioterapia, empleada en la mitad de los
pacientes americanos con cáncer utiliza rayos X de alta intensidad para
debilitar la capacidad reproductiva de las células del cáncer. También
se utiliza radioactividad emanada de implantes artificiales, tales como
las "semillas" de cobalto-60 o radio insertadas directamente en el
cáncer. El problema con la radiación es que, como en el caso de la
quimioterapia, daña a las células normales y saludables eliminando a su
vez las células del cáncer. La radiación deprime severamente la
inmunidad y puede causar daños cromosomáticos graves tanto a nivel de
las dosis de diagnóstico como terapéuticas. La radioterapia es un
poderoso cancerígeno; provoca cánceres secundarios en muchos pacientes
expuestos a esta terapia. En un estudio, el 17 por ciento de los
pacientes tratados con radioterapia desarrollaron cánceres secundarios,
en el curso de 20 años, en los sitios expuestos a la radiación.
La radiación puede lograr la remisión en 5 años en el 80 por ciento de
los pacientes con la enfermedad de Hodgkin detectada muy tempranamente y
además resulta efectiva en el tratamiento del Linfosarcoma, el cáncer
de próstata localizado no operable, y tumores localizados en la cabeza,
cuello, y cervix. Este tratamiento probablemente resulte preferible
antes que la cirugía en algunos cánceres, como el de laringe o próstata.
En el caso del tratamiento del cáncer de mama, la lumpectomía combinada
con la radioterapia parece disminuir las posibilidades de reincidencia
en la mama afectada, aunque esto está en disputa ya que pueden aparecer
cánceres posteriores diez años después de la exposición.
A pesar de estos éxitos, la radiación parece tener un valor limitado en
el tratamiento del cáncer y a menudo resulta más nocivo que beneficioso.
Varios estudios han demostrado que las personas que han sido sometidas a
la radioterapia son más propensas a desarrollar metástasis en otros
sitios del cuerpo. Esto es lo que menciona el Médico Oncólogo Lucien
Israel, consultor del Instituto Nacional contra el Cáncer, en su libro
Conquering Cancer (La Conquista del Cáncer).20 La radioactividad usada
para matar las células del cáncer también puede activar el proceso de
mutación que crea nuevas células de cáncer de otros tipos.
La radioterapia causa daños y trastornos en los órganos y tejidos del
cuerpo. Diversos estudios han demostrado que no ofrece posibilidades de
supervivencia en la mayoría de los cánceres. "La mayoría de cánceres",
escribe John Cairns en Scientific American, en su número de noviembre de
1985, "no se puede curar mediante la radiación porque la dosis de rayos
de X necesaria para matar a todas las células de cáncer también podría
matar al paciente". Cairns es profesor en la Facultad de Salud Pública
de la Universidad de Harvard.
La radioterapia aplicada luego de la cirugía en el cáncer de mama
incrementa el índice de mortandad, según varios ensayos clínicos y un
estudio publicado en The Lancet.21 A pesar de ello, el 50 por ciento de
los radiólogos continúan aplicando radiación a mujeres luego de la
cirugía de mama. "Las complicaciones resultantes por altas dosis de
radioterapia en el cáncer de mama son: pechos fibrosos, reducidos,
fracturas de costilla, cicatrización pleural y/o pulmonar, lesiones en
nervios, cicatrización alrededor del corazón, la supresión de todas las
células de la sangre, inmunosupresión", según mencionaba Robert F.
Jones, Doctor en Medicina, en el Seattle Times en su publicación del 27
de Julio de 1980. "Muchas de las complicaciones ocasionadas por la
radiación no se hacen evidentes durante varios años posteriores al
tratamiento, dando al terapeuta y al paciente un falso sentido de
seguridad por uno o dos años después de la terapia .... La médula ósea,
donde se generan las células de la sangre, resulta considerablemente
obliterada en el campo de irradiación .... Éste es un efecto
irreversible".
No hay mucho acuerdo dentro de la fraternidad médica acerca del papel
apropiado de la quimioterapia combinada con la radioterapia en el
tratamiento de tumores malignos. Las opiniones de los oncólogos varían
entre la aprobación entusiasta y la fuerte oposición. Como se mencionó
anteriormente, las personas sometidas tanto a la quimioterapia como a la
radiación experimentan cánceres posteriores con una frecuencia
veinticinco veces superior a la de la población en general.
Los efectos colaterales de la terapia con radiación incluyen a la
inmuno-deficiencia severa y prolongada, además de daños cromosómicos que
producirán cáncer más tarde. "Incluso la aplicación de dosis muy
moderadas de radiación en los testículos y ovarios pueden causar la
esterilización o inducir a mutaciones genéticas", advierte el Dr.
Israel.22 La radioterapia puede impedir de manera permanente el
crecimiento de los niños. Entre sus otros efectos colaterales se
incluyen:
Náuseas, vómitos, excesiva debilidad y fatiga, a veces ocasionando a los
pacientes "lesiones o úlceras. . . en la boca, garganta, intestinos,
áreas genitales y otras partes del cuerpo...." (Sociedad Americana del
Cáncer, Cáncer Book, 1986.). Las heridas en la boca pueden dificultar la
alimentación del paciente.
Necrosis de huesos de la boca luego de la irradiación de la lengua, boca, o encías.
Pérdida de pelo temporaria o permanente, dependiendo de la dosificación.
Ronchas y quemaduras extensas de la piel y las membranas mucosas.
Dilatación permanente de pequeños capilares y arterias debajo de la piel
en pacientes que presentan una amplia área de irradiación, como en el
caso del cáncer de mama.
Amenorrea en las mujeres próximas a la menopausia expuestas a apenas 400
rads de radiación. (Rad significa "dosis de radiación absorbida" la
cual constituye la unidad básica de radiación ionizante)
"Ulceras rectales, fístulas, ampollas ulceradas, diarrea, y colitis" en
"mujeres sometidas a la radiación de la cavidad pelviana. (ACS, Cáncer
Book, 1986.)
Hinchazón de tumores después de una sola dosis grande de radiación. Esto
es especialmente peligroso en los tumores cerebrales. Los pacientes
pueden recibir corticoesteroides a fin de prevenir este efecto.
Muchos médicos creen que la radioterapia es relativamente inofensiva, de
modo que siguen recomendando a sus pacientes este tratamiento altamente
lucrativo, como un paliativo. Pero aún los niveles "seguros" de
radiación son sospechosos. Los primeros estudios realizados en el
Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York demostraron que la
radioterapia era mortal y que los pacientes que no recibieron radiación
vivieron mucho más tiempo que aquéllos que sí fueron irradiados. Estos y
otros hallazgos similares fueron presentados al Congreso en 1953 en el
famoso Informe Fitzgerald donde se acusaba al establishment médico de
conspirar activamente para eliminar terapias alternativas prometedoras
contra el cáncer.23 Pero estos importantes estudios fueron ignorados, y
la industria de la radioterapia siguió su camino. "Durante 30 años los
radiólogos de este país han estado involucrados en una mala praxis
masiva" acusaba el Dr. Irwin Bross en 1979.24 Bross, ex director de
bioestadística del Roswell Park Memorial Institute, no logró conseguir
los fondos necesarios para investigar el encubrimiento realizado durante
treinta años de lo que él denomina "cáncer médico por radioterapia".
La cirugía
La cirugía a veces es un requisito vital en el tratamiento del cáncer.
Resulta eficaz como cura de tumores tempranos, pequeños que no se han
extendido a otras partes del cuerpo. Por ejemplo, la cirugía logra una
sobrevida de cinco años en aproximadamente el 70 por ciento de los
cánceres uterinos, en el 85 por ciento en los cánceres de piel, el 60
por ciento de los cánceres de mama, y en el 40 por ciento de los
cánceres de colon. Pero una vez que el tumor ha crecido más allá de
cierto tamaño o se ha extendido a otros sitios, resulta frecuentemente
inoperable. No existe una manera confiable de decir si un tumor está
localizado o ha producido metástasis. En el cáncer de mama en su fase
temprana, el 30 por ciento o más de las mujeres que han recibido un
pronóstico favorable después de la cirugía experimentan la reincidencia
del cáncer, según las últimas cifras proporcionadas por el Instituto
nacional contra el Cáncer.25
Los cirujanos habitualmente dicen a sus pacientes oncológicos, "lo
extirpé todo", pero muchos estudios han demostrado que algunas células
de cáncer quedan en 25 a 60 por ciento de los pacientes, permitiendo de
este modo la reincidencia de crecimientos malignos. Según numerosos
médicos, la cirugía es a menudo responsable de la expansión del cáncer.
Un error microscópico o un descuido en la manipulación del tejido del
tumor por parte del cirujano puede esparcir literalmente millones de
células cancerosas en el torrente sanguíneo. La biopsia quirúrgica, un
procedimiento utilizado para detectar el cáncer en su fase temprana,
puede también contribuir a la expansión del cáncer. "A menudo durante la
biopsia de un tumor maligno se lo corta transversalmente lo cual tiende
a extender o acelerar su crecimiento. Los mismos resultados trágicos se
pueden observar en las biopsias realizadas con agujas," observaba el
Dr. William Kelley.26
La cirugía debilita la inmunidad, produce una enorme tensión sistémica
al paciente, y puede causar la muerte súbita. Muchos pacientes de cáncer
han fallecido en el quirófano, o poco después de salir de la operación,
a causa de las complicaciones de la cirugía. Algunas operaciones
quirúrgicas se realizan inútilmente. "Aunque se ha demostrado de manera
concluyente que la escisión del nodo linfático después de la radiación
no previene la expansión del cáncer cervical, habitualmente se siguen
realizando linfadenectomias en todo el país. Esto a pesar del hecho de
que las linfadenectomias hacen que las mujeres se sientan tan mal que
prefieren la muerte, y de que se ha demostrado que constituyen un
procedimiento probadamente inútil. 27
El dolor, la desfiguración, y la restricción de la función acompañan
frecuentemente a la cirugía. Muchos pacientes de cáncer quedan
debilitados, lisiados, traumatizados, o humillados después de la
operación. Un número sorprendente de pacientes oncológicos "curados" ha
visto sus vidas estropeadas a causa de una cirugía "exitosa". Por todos
estos motivos, cortar el cuerpo no es la respuesta final al cáncer.
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Referencias
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